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Sin salud mental No hay salud, Sin salud No hay trabajo

“Todos pasamos por luchas en nuestro interior, pero a veces esas luchas pueden parecer abrumadoras, sin salida”...

450 millones de personas en todo el mundo se ven afectadas por un problema de salud mental, y se calcula que 1 de cada 4 personas tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida. Para 2030 se prevé será la primera causa de enfermedad en el mundo (Organización Mundial de la Salud -OMS-).

No se puede ignorar que la pandemia visibilizó y puso sobre la mesa algo que muchas personas llevaban reclamando durante años: la importancia de la salud mental. Expertos afirman que las situaciones derivadas de dos años de pandemia además de haber agravado enfermedades mentales preexistentes -como el alzhéimer, esquizofrenia, trastorno bipolar o trastornos de ansiedad y depresivos-, generaron desbalances en el bienestar emocional de las personas producto del miedo, la incertidumbre, la muerte, el no poder despedir a familiares, la falta de contacto social y las consecuencias económicas, entre otras.

Solo en la región la depresión se incrementó en un 35% y la ansiedad en 32%, y eso que todavía se desconoce el impacto real a futuro en las poblaciones más jóvenes y vulnerables (Organización Panamericana de la Salud -OPS-). En respuesta a ello, los países están incluyendo la salud mental en sus agendas institucionales y planes esenciales de respuesta al Covid-19 y por otro lado, las empresas están repensando cómo apoyar el bienestar de sus colaboradores.

Hablar de salud mental en las empresas o en los hogares y contar con la ayuda profesional sigue siendo un tabú, aunque en proceso de desvanecimiento, el estigma de la enfermedad mental todavía existe y hay ausencia de franqueza para combatirlo. En palabras simples, ¿qué significa hablar de salud mental? De acuerdo a la OMS, es “un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Por lo tanto es un tema que no solo incumbe a las personas afectadas, sino también a sus familias, amigos, compañeros de trabajo y a toda la comunidad en general.

La post pandemia y la salud mental

En post pandemia, la ansiedad y la depresión se presentan ya no debido al aislamiento y al encierro, sino al volverse a encontrar socialmente luego de enfrentar situaciones como la pérdida de familiares e incluso del empleo, que ocasionan a la vez altos niveles de estrés debido a la incertidumbre que se produce por lo que viene en el futuro. Los riesgos que se están presentando están asociados al consumo de sustancias, violencia intrafamiliar, alertas de suicidio, trastornos de sueño, entre otros.

Cuando se abordan las enfermedades mentales, parece ser que los recursos nunca son suficientes. En Colombia, por ejemplo, las estadísticas muestran que cuatro de cada cinco personas que requieren ayuda o atención por trastornos mentales no la recibe por no saber que la necesita, por estigmatización o por simple falta de acceso al servicio o desinformación.

Lo cierto es que hay un llamado generalizado a reflexionar alrededor de la prevención, el autocuidado y la búsqueda de soluciones enfocadas en el bienestar de todos. Por primera vez en mucho tiempo, las personas han sido capaces de mirarse a sí mismas y comprender que el cuidado de la salud mental no corresponde solo a quienes han sido diagnosticados con un desorden o un trastorno psicológico o psiquiátrico. Los ambientes laborales y escolares están cobrando relevancia por ser contextos críticos susceptibles para detonar y/o acelerar trastornos mentales, fruto de las interacciones sociales no saludables.

El ambiente laboral y la salud mental 

Los problemas de salud mental, incluidas la depresión y la ansiedad, no son nuevos en el lugar de trabajo, pero sí han ganado más atención en los últimos años. Desde la óptica de la competitividad, la salud mental es clave para que cualquier persona aproveche su potencial, tenga mejor calidad de vida y sea más productiva.

Mucho se viene hablando de promover el "equilibrio entre el trabajo y la vida" como respuesta de muchas empresas frente a la preocupación del bienestar de sus colaboradores, sin embargo sería más apropiado hablar de “Integrar o mezclar el trabajo y la vida de forma saludable”.  Pero… ¿Qué significa realmente esto? En términos prácticos significa reconocer que la vida laboral es la vida personal, y viceversa, esto quedó demostrado en estos últimos años de pandemia. Como también quedó demostrado que para ser realmente productivos y creativos en el trabajo, las personas necesitan libertad de trabajar de la manera que sea más efectiva y saludable para ellos, “individualmente”.

Visto de esta forma, ello implica que las empresas deberán encontrar las mejores estrategias para saber quiénes son realmente sus colaboradores, conocer su estado y sus necesidades, sus ganancias y pérdidas recientes en pandemia, buscando detectar indicios de afectación a la salud mental con miras a implementar acciones en sus procesos de adaptación a los nuevos contextos laborales.

En estos planes es fundamental confiar en los colaboradores y crear una cultura que valore la transparencia, la comunicación abierta y el empoderamiento sobre sus funciones, en palabras más sencillas…que los empleados puedan y estén preparados para hablar sobre sus propias necesidades con sus jefes y que puedan ser honestos sobre cómo pasan su tiempo, al final se trata de encontrar su propio ritmo de trabajo, aquel que permita una forma de laborar más asincrónica, creativa, mentalmente más saludable, que vaya más allá del llamado "equilibrio entre el trabajo y la vida" y logre realmente integrar ambas áreas como parte del día a día de cualquier persona del común.

Es innegable que los tiempos han cambiando y con ello las prioridades de cualquier trabajador. Las personas necesitan la oportunidad de vivir sus vidas “mentalmente saludables en el trabajo” y necesitan a su vez empleadores que confíen en que el trabajo se realizará, incluso si la forma en que se realiza es más innovadora, productiva y flexible comparada con los enfoques tradicionales de otra época.

t#lab. ideas

Como sociedad hay una batalla en la que parecemos estar aún rezagados: La salud mental. Regresar a la “cotidianidad” requiere acompañamiento en comprensión, regulación y en las formas de expresión social y emocional, y en ello los empleadores tenemos un rol fundamental.

Interiorizar el concepto de ‘salud mental’ en las organizaciones tiene que ver con la promoción del bienestar psíquico, la prevención de trastornos mentales, la sensibilización y visibilización de la salud mental para que se conozcan los recursos disponibles, el conocimiento de las rutas de atención en salud mental y la rápida detección de colaboradores con trastornos mentales para atención y tratamiento. Porque los contextos laborales cambiaron, el futuro del trabajo ya está aquí, la vida laboral es la vida personal y viceversa, y el llamado urgente es a adaptarnos.

¿Cómo diseñar estrategias que pongan la salud mental de los colaboradores como centro en las organizaciones?

¿Cómo usar la analítica de datos para detectar alertas tempranas en la salud mental de los colaboradores y poder desarrollar acciones pertinentes?

¿Cómo usar la tecnología en el monitoreo y la gestión de recompensas que promueva la salud mental?

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Sin salud mental No hay salud, Sin salud No hay trabajo
Salud mental, pandemia, productividad, ambiente laboral, enfermedad mental

“Todos pasamos por luchas en nuestro interior, pero a veces esas luchas pueden parecer abrumadoras, sin salida”...

450 millones de personas en todo el mundo se ven afectadas por un problema de salud mental, y se calcula que 1 de cada 4 personas tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida. Para 2030 se prevé será la primera causa de enfermedad en el mundo (Organización Mundial de la Salud -OMS-).

No se puede ignorar que la pandemia visibilizó y puso sobre la mesa algo que muchas personas llevaban reclamando durante años: la importancia de la salud mental. Expertos afirman que las situaciones derivadas de dos años de pandemia además de haber agravado enfermedades mentales preexistentes -como el alzhéimer, esquizofrenia, trastorno bipolar o trastornos de ansiedad y depresivos-, generaron desbalances en el bienestar emocional de las personas producto del miedo, la incertidumbre, la muerte, el no poder despedir a familiares, la falta de contacto social y las consecuencias económicas, entre otras.

Solo en la región la depresión se incrementó en un 35% y la ansiedad en 32%, y eso que todavía se desconoce el impacto real a futuro en las poblaciones más jóvenes y vulnerables (Organización Panamericana de la Salud -OPS-). En respuesta a ello, los países están incluyendo la salud mental en sus agendas institucionales y planes esenciales de respuesta al Covid-19 y por otro lado, las empresas están repensando cómo apoyar el bienestar de sus colaboradores.

Hablar de salud mental en las empresas o en los hogares y contar con la ayuda profesional sigue siendo un tabú, aunque en proceso de desvanecimiento, el estigma de la enfermedad mental todavía existe y hay ausencia de franqueza para combatirlo. En palabras simples, ¿qué significa hablar de salud mental? De acuerdo a la OMS, es “un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Por lo tanto es un tema que no solo incumbe a las personas afectadas, sino también a sus familias, amigos, compañeros de trabajo y a toda la comunidad en general.

La post pandemia y la salud mental

En post pandemia, la ansiedad y la depresión se presentan ya no debido al aislamiento y al encierro, sino al volverse a encontrar socialmente luego de enfrentar situaciones como la pérdida de familiares e incluso del empleo, que ocasionan a la vez altos niveles de estrés debido a la incertidumbre que se produce por lo que viene en el futuro. Los riesgos que se están presentando están asociados al consumo de sustancias, violencia intrafamiliar, alertas de suicidio, trastornos de sueño, entre otros.

Cuando se abordan las enfermedades mentales, parece ser que los recursos nunca son suficientes. En Colombia, por ejemplo, las estadísticas muestran que cuatro de cada cinco personas que requieren ayuda o atención por trastornos mentales no la recibe por no saber que la necesita, por estigmatización o por simple falta de acceso al servicio o desinformación.

Lo cierto es que hay un llamado generalizado a reflexionar alrededor de la prevención, el autocuidado y la búsqueda de soluciones enfocadas en el bienestar de todos. Por primera vez en mucho tiempo, las personas han sido capaces de mirarse a sí mismas y comprender que el cuidado de la salud mental no corresponde solo a quienes han sido diagnosticados con un desorden o un trastorno psicológico o psiquiátrico. Los ambientes laborales y escolares están cobrando relevancia por ser contextos críticos susceptibles para detonar y/o acelerar trastornos mentales, fruto de las interacciones sociales no saludables.

El ambiente laboral y la salud mental 

Los problemas de salud mental, incluidas la depresión y la ansiedad, no son nuevos en el lugar de trabajo, pero sí han ganado más atención en los últimos años. Desde la óptica de la competitividad, la salud mental es clave para que cualquier persona aproveche su potencial, tenga mejor calidad de vida y sea más productiva.

Mucho se viene hablando de promover el "equilibrio entre el trabajo y la vida" como respuesta de muchas empresas frente a la preocupación del bienestar de sus colaboradores, sin embargo sería más apropiado hablar de “Integrar o mezclar el trabajo y la vida de forma saludable”.  Pero… ¿Qué significa realmente esto? En términos prácticos significa reconocer que la vida laboral es la vida personal, y viceversa, esto quedó demostrado en estos últimos años de pandemia. Como también quedó demostrado que para ser realmente productivos y creativos en el trabajo, las personas necesitan libertad de trabajar de la manera que sea más efectiva y saludable para ellos, “individualmente”.

Visto de esta forma, ello implica que las empresas deberán encontrar las mejores estrategias para saber quiénes son realmente sus colaboradores, conocer su estado y sus necesidades, sus ganancias y pérdidas recientes en pandemia, buscando detectar indicios de afectación a la salud mental con miras a implementar acciones en sus procesos de adaptación a los nuevos contextos laborales.

En estos planes es fundamental confiar en los colaboradores y crear una cultura que valore la transparencia, la comunicación abierta y el empoderamiento sobre sus funciones, en palabras más sencillas…que los empleados puedan y estén preparados para hablar sobre sus propias necesidades con sus jefes y que puedan ser honestos sobre cómo pasan su tiempo, al final se trata de encontrar su propio ritmo de trabajo, aquel que permita una forma de laborar más asincrónica, creativa, mentalmente más saludable, que vaya más allá del llamado "equilibrio entre el trabajo y la vida" y logre realmente integrar ambas áreas como parte del día a día de cualquier persona del común.

Es innegable que los tiempos han cambiando y con ello las prioridades de cualquier trabajador. Las personas necesitan la oportunidad de vivir sus vidas “mentalmente saludables en el trabajo” y necesitan a su vez empleadores que confíen en que el trabajo se realizará, incluso si la forma en que se realiza es más innovadora, productiva y flexible comparada con los enfoques tradicionales de otra época.

t#lab. ideas

Como sociedad hay una batalla en la que parecemos estar aún rezagados: La salud mental. Regresar a la “cotidianidad” requiere acompañamiento en comprensión, regulación y en las formas de expresión social y emocional, y en ello los empleadores tenemos un rol fundamental.

Interiorizar el concepto de ‘salud mental’ en las organizaciones tiene que ver con la promoción del bienestar psíquico, la prevención de trastornos mentales, la sensibilización y visibilización de la salud mental para que se conozcan los recursos disponibles, el conocimiento de las rutas de atención en salud mental y la rápida detección de colaboradores con trastornos mentales para atención y tratamiento. Porque los contextos laborales cambiaron, el futuro del trabajo ya está aquí, la vida laboral es la vida personal y viceversa, y el llamado urgente es a adaptarnos.

¿Cómo diseñar estrategias que pongan la salud mental de los colaboradores como centro en las organizaciones?

¿Cómo usar la analítica de datos para detectar alertas tempranas en la salud mental de los colaboradores y poder desarrollar acciones pertinentes?

¿Cómo usar la tecnología en el monitoreo y la gestión de recompensas que promueva la salud mental?

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